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Cualquier aproximación al pensamiento de Nietzsche debe partir del hecho evidente que tenemos a un solitario ante nosotros. No conocía a cabalidad las relaciones humanas y, por ello, toda su visión del poder estaría plagada de enfermedades mentales. Paranoia, neurosis, depresión, etc. Era un hombre atormentado e incomprendido. Ni siquiera en estos tiempos en que la sicología, la semiótica, diversas formas de filosofía y ciencia han llegado a resultados inimaginables para Nietzsche, podemos decir que lo comprendemos. Es el gran incomprendido. A pesar de que, en su obra, hay por doquier alusiones a si mismo. Si se es un sicólogo convencido e incluso un hombre de la calle, es posible concluir que N era un ególatra como todos los solitarios. Por lo tanto se consideraba depositario de la verdad, siendo él el único en alcanzarla y siendo, por tanto, el primero de los que dieron el salto cualitativo. Para los creyentes en su doctrina N se trata del único profeta: sus verdades deben ser puestas en practica.

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N, al hacer interpretaciones históricas, a menudo recurre al término raza y a las degeneraciones de esta. Con regularidad se halla combinada con la palabra instinto, dándole a esta un carácter positivo. Se podría conjeturar hasta que punto N era un racista, en el sentido actual del término, quiero decir un nazi. No podemos negar que N hablaba en el lenguaje de su época muy a su pesar. Hablaba para sus contemporáneos, no para el futuro. Hablaba a Wagner y a Schopenhauer. Utilizaba los términos corrientes en aquella época, antes de la aparición de la teoría genética, época de nacionalismos exacerbados, unificación de Alemania e Italia, glorificación de la guerra, carrera armamentista y problemas sexuales producto de la represión Victoriana. Europa produjo a N y N era su mejor reflejo. No puede extrañarnos los términos en que se expresaba: el caso Dreyffus reveló mas crueldad con los judíos. El racismo del imperio Austro-Húngaro hacia los magiares (la etnia mas numerosa del territorio) era evidente, y el de Alemania hacia los polacos. Paradojalmente N se consideraba superior por ser polaco. Incluso tiene palabras de admiración para los judíos. Nuevamente, desde la sicología sería otra prueba de sus complejos de inferioridad. Su confianza en el instinto viene del hecho de creerse un sobreviviente. Solo él seguiría adelante luego de la decadencia de Europa. Sus opiniones no son aisladas, mas bien se presentan con mucha regularidad en artistas e intelectuales, sobre todo posteriores a él. Hay casos de finales trágicos, como John Kennedy Tool y casos chilenos, como Huidobro y Pablo de Rokha. Mas de alguna vez señaló que el intelectual debía realizar una especie de engaño social; hacer creer que estaba integrado, con un pequeño trabajo “burgués”, funcionario o profesor, pero en el fondo siendo un ser apartado y especial.
Cuando N hablaba de raza no lo hacía en los términos que hoy entendemos por esa palabra. Un sinónimo mas cercano sería especie. Él creía en la evolución, pero la selección natural no le parecía el mecanismo para explicarla. “La raza de los superhombres no llegará mediante ningún procedimiento sospechosamente británico como la selección natural, sino mediante el ejercicio dionisiaco de la voluntad de dominio”. ¿Qué es esa voluntad de dominio de la que nos habla? Debemos (¿debemos?) comenzar con el concepto mas básico: Existe una minoría de señores y una mayoría de rebaño. Hay dos morales: una moral de señores y una moral de rebaño. Son antagónicas. Lo bueno para los señores es el puro ejercicio de la voluntad de dominio. Pero las cosas, nos dice, no han conservado su carácter natural. Se ha producido una caída del hombre y los esclavos han llegado a gobernar a los señores. El cristianismo es el que realizó esta gran obra. Todas las religiones de la mansedumbre son enfermedades sociales. Incluidas las nuevas formas (nuevas en su tiempo) de cristianismo decadente: la democracia y el socialismo. N odiaba todas la formas de gobierno democrático y parlamentario, odiaba el liberalismo inglés y el socialismo europeo. Entonces ¿quienes son los señores?:
La voluntad de lo verdadero es una forma de voluntad de poderío. La voluntad de poderío es la forma primitiva de pasión y todas las otras pasiones son solamente configuraciones de aquella.

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Pareciera que N tenía gran obsesión por el poder, pero esto no es cierto. Si lo hubiera tenido seguramente sus opiniones acerca de la contingencia de su época serían mas abundantes, pero solo encontramos algunas críticas a Bismark. Lo demás es filosofía. Lo que buscaba era algo mas general, una teoría del mundo, un sistema filosófico. Estaba en esa tarea cuando se lo llevó la locura. El libro “La voluntad de dominio” es su último intento y en él quedan aclarados muchos de sus rechazos; podemos entender que cosas quería cambiar por falsas o dudosas en el conocimiento de su tiempo. Habría sido tal vez un avance sustantivo la escritura de ese libro definitivo. La actual coyuntura científica parece dar alguna luz. Siempre se creyó que el determinismo de la mecánica de Newton era una verdad inamovible y el hecho de la evolución y el hecho, aun mas curioso, que tengamos esperanza parecía contradecir la tesis del determinismo. N se adelanto a su tiempo: la voluntad de dominio es la base de esta nueva explicación. Esta base es bastante mas dinámica que “la ecuación fundamental” de Newton. Dicha ecuación siempre ha sido inútil para explicar el mundo de lo vital. Pasar de la partícula individual al mundo de lo vital es un problema no resuelto y se mantendrá así por bastante tiempo mas. N nos habla de una ley que ayuda a la comprensión del mundo de lo vital: la vida es esencialmente un esfuerzo hacia un aumento de poderío. Esta voluntad es la mas íntima e inferior, es decir, esencial. N nos habla del mundo interno de los hechos y nos dice que este mundo contiene una cierta voluntad que lucha y que vence. Luego explica que todas las hipótesis del “mecanismo” no son hechos en sí sino interpretaciones hechas con la ayuda de ficciones síquicas.
La voluntad de poderío es una explicación para el mundo de lo vital no una recomendación para los políticos. La verdad es que N recomendó mas de alguna vez que este instinto esencial fuera dejado mas libre de lo que era en su tiempo, porque en su tiempo ningún instinto era dejado libre. Dejar este libre significaba un avance. N llamó señores a aquellos que dejan ese instinto libre y rebaño a los que se rigen por formas añejas, como el determinismo, el idealismo Kantiano o la democracia. Hubo señores, pero ya no los hay mas: el cristianismo los liquidó. N era un poeta y como todo poeta hizo una metáfora de su idea: Dionisio era la imagen del hombre que pone en práctica el instinto de la voluntad de poderío. Se pueden hacer críticas a la elección de esa metáfora, a la luz de nuestro actual conocimiento de mitología griega. A su época, sin embargo, dicha metáfora era significativa. NO fue la única metáfora: Napoleón, Wagner y Bismark estuvieron también en su lista. Pero eran hombres de carne y hueso, no metáforas; terminaron traicionando al final y N les perdió la confianza.
N, al final de su vida, no desconocía esto, “sin embargo la criatura tiene necesidad de los contrastes”. Pero estos contrastes o resistencias a la voluntad de poderío la refuerzan y obran como estímulo a la vida.

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Un hecho interesante es que nos habla del placer. El placer, dice, se produce con la satisfacción de la voluntad de poder. El desagrado viene con la resistencia. De tal manera que placer y desagrado con indicadores claros del estado de la voluntad de dominio. La causa del placer es el hecho de que la voluntad quiere avanzar y es, siempre, nuevamente dueña de lo que encuentra a su paso. Es decir, el placer no está en el triunfo sino en la lucha. En este sentido se comprende el gran apego de N por los conceptos de la religiosidad germánica. El cielo germánico es un lugar donde la batalla es eterna. Todo el día luchan los guerreros, incluso mueren. Al día siguiente los muertos se levantan y continúan la batalla, por siempre. Es también comprensible su admiración al guerrero como imagen arquetípica absolutamente opuesta al sacerdote. Este ultimo es vil y astuto. El rebaño en cambio no tiene esta concepción, sino la del hombre feliz, aquel que siente placer cuando está cómodo, con una vida tranquila, con mujer e hijos, sedentario, ojalá muriendo en su cama, guiado por el sacerdote. Para el germánico morir en la cama era la peor de las muertes. Se podría decir que N era un hedonista y él mismo no rechaza esta filiación: los filósofos presocraticos son un ejemplo de señorío. Sócrates, nos dice N, acabó con eso.

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No se puede negar que N tuvo gran influencia en la lucha por el poder. Los Nazis lo utilizaron y falsearon. Los fascistas de Mussolini lo veían como el profeta: los italianos eran los nórdicos del sur. Mucha de esta confusión fue causada por su propia hermana, que se convirtió en depositaria de su obra y guardiana de archivo Nietzsche. Se hizo nazi y falseó mas de alguna vez los escritos de su famoso hermano por órdenes de Goering.
Todo no fue mas que un terrible malentendido. Alguien habló de la vida y todos creyeron que se refería a la muerte.

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